Cooperativas, impuestos y desarrollo

Artículo de Opinión sobre cooperativas, impuestos y desarrollo

Elaborado por: Sergio Salazar Arguedas, sociólogoGerente de Desarrollo Estratégico del INFOCOOP. 

Una de las manifestaciones más claras de esta sociedad moderna y su pensamiento unidimensional es la capacidad de generar posturas excluyentes que tratan de desestimar planteamientos alternativos, sobre todo, en presencia de argumentos convincentes que no están alineados con sus intereses.

El país ha discurrido últimamente hacia discusiones sobre el cobro de más impuestos, a la reducción del aparato del estado y la venta de activos sin considerar opiniones contrarias, como si una sociedad pudiera desarrollarse en el marco de un Estado débil. En ese contexto al cooperativismo se le reduce como un contribuyente más, erróneamente se le compara con grandes empresas que no pagan impuestos y no se le reconocen sus aportes al desarrollo nacional.

El presente artículo busca el aporte de elementos para la discusión sobre el pago de impuestos que concentra a la opinión nacional, ya que en varios medios de comunicación se han hecho comentarios sobre el cooperativismo los cuales deben ser aclarados para que las personas tengan mayores criterios de cara a la toma de decisiones que se avecina.

En primer lugar, el cooperativismo nacional es diverso y como tal, debe ser analizado en el marco del sector al cual es referido. Reducir el cooperativismo a uno solo y tratarlo en función de intereses particulares, es un reduccionismo que oculta los aportes históricos de las cooperativas en sus contextos locales.

En segundo lugar, se debe indicar que las cooperativas operan bajo el principio del acto cooperativo, el cual da sustento jurídico, social y empresarial para su funcionamiento. Ese acto cooperativo sin fines de lucro se centra en el cumplimiento del objeto social brindado de manera exclusiva a sus asociados (no socios, porque son organizaciones de personas y no de capitales), procurando la satisfacción de sus necesidades. En cumplimiento de ese acto, esas empresas generan un sobreprecio que la ley dispone puede capitalizarse o repartirse al final del ejercicio económico. Por consiguiente, hablar de renta en cooperativas por esa vía no solamente es improcedente, sino que carece de sustento jurídico.

La excepción a ese precepto son los recursos excedentarios generados desde las cooperativas por la operación con no asociados, pero definitivamente ese no es el objetivo de las propuestas que han circulado y en el marco descrito anteriormente; se convierte en una amenaza al cooperativismo porque desvirtúa la esencia del acto cooperativo y del propio objeto social.

En tercer lugar, la riqueza cooperativa no es similar a la riqueza generada por empresas mercantiles. En efecto, las cooperativas generan y distribuyen riqueza de manera colectiva producto de su eficiencia en la prestación de servicios, de lo contrario no se generaría el excedente mencionado. Su distribución de igual manera se hace colectiva y democráticamente, por lo que los beneficios alcanzan a todos sus asociados activos sin distinción. En tiempos de desigualdad creciente, las cooperativas son instrumentos potentes para revertir esas desigualdades que el sistema-mundo genera.

En investigaciones que hemos realizado en comunidades, hemos logrado demostrar que, considerando las mismas variables productivas, una empresa cooperativa puede sextuplicar los beneficios a las comunidades si se compara con una empresa mercantil. Ello es así debido a los mecanismos internos del modelo que favorecen la distribución de los recursos entre sus asociados, por lo que la riqueza se democratiza y no se concentra.

En cuarto lugar, las cooperativas, en el marco de esa riqueza colectiva que generan, establecen por ley y de manera solidaria; una serie de reservas que benefician tanto a su base asociativa como a las comunidades, cumpliendo el principio del derrame que tanto se ha hablado en otros contextos ideológicos. Ese arraigo, esa identidad y esa proyección comunales, son factores empresariales diferenciadores que llevan el sello cooperativo en todo nivel y explican el desarrollo de importantes regiones del país donde otro tipo de empresas dejaron pobreza, conflictos y desolación; pero se llevaron la riqueza.

En quinto lugar, las cooperativas podrían ser instrumentos de ejecución de políticas sociales, pues en muchas zonas del país cumplen funciones que el Estado, las municipalidades o las instituciones descentralizadas se han negado a brindar o del todo, no los han desarrollado. Si la lógica en la exención de impuestos tiene que ver con la función social que las empresas brindan a las comunidades, las cooperativas deben ser consideradas como instrumentos eficientes en la prestación de servicios en el contexto de la crisis actual.

Así las cosas, en momentos de necesaria reactivación económica y de proyección de beneficios, las cooperativas son actores inmejorables para el desarrollo del país. Por ello, deben verse y considerarse en la plenitud de los impactos que generan en el cumplimiento de sus actos cooperativos. De manera paralela, se puede evolucionar a que las cooperativas puedan ser potentes instrumentos de ejecución de políticas públicas, que, de la mano de controles fuertes y eficientes, tengan la idoneidad requerida para cumplir esos fines.

Concentrarse en que lo individual, el fin de lucro y el sector privado de la economía es quien puede sacar exclusivamente de la crisis al país; es negarse a abrir el abanico de posibilidades que de manera solidaria y colectiva tiene Costa Rica para superar esta crisis.

Se debe reconocer que el aprovechamiento de las redes, del tejido social y de las democracias locales generadas en ochenta años de cooperativismo nacional, son caminos viables que deben ser explorados, dejando atrás los caminos estrechos hacia los cuales quieren llevarnos unos cuantos grupos que piensan nada más que en sus intereses.